desde Canarias

20 septiembre, 2006

La revisión del imaginario colectivo y León Gieco

(Fotografía: Borja Suárez)

Mucho se ha hablado durante los últimos años en Canarias sobre un fenómeno tan antiguo como la historia del hombre y del hambre: la inmigración. Es cierto que han llegado muchas barcazas -la mayoría de ellas más que barcas parecían cáscaras de nuez- y que son muchos miles las personas que han llegado a las Islas Canarias en busca de un futuro mejor o, como mínimo, de un futuro. Sin embargo, también es cierto que son muchos, muchísimos, los que no han llegado: los que salieron un día y nunca regresaron. Quién sabe en qué zona del mar que nos une y nos separa se quedaron. Quién sabe en qué pensarán las madres, las esposas, los amigos de quienes partieron; quién sabe cuántas veces al día abrirán el buzón esperando una carta o acecharán el teléfono de reojo esperando a que suene.

Estos días, tengo el placer de acoger en casa a mi amiga Magda Bandera, una exitosa bloguera que, por escasez de tiempo, nos está privando de sus acertadísimas críticas y reflexiones sobre el mundo que nos rodea. Ha venido a Canarias a trabajar en un reportaje sobre la inmigración; ella pondrá una parte del mensaje -el escrito-, y su amiga y compañera Tatiana se encargará de la otra parte: el mensaje visual; la fotografía. Ayer, nada más llegar a Gran Canaria, compartimos un informativo en el que, una vez más, hablaron de la inmigración con unos términos descuidados y malintencionados. En un momento de la noticia, Tatiana surgió de su cansancio silencioso con una reflexión que me asalta a menudo: por qué tienen tan poca vergüenza algunos informadores y nos adoctrinan con el vocabulario.

Ciertamente, como comentaba Tatiana y como hemos dicho en multitud de ocasiones, ya viene siendo hora de que revisemos el vocabulario que utilizamos a diario. Será una tarea difícil, pues exigirá que todos nos quitemos la careta y mostremos abiertamente cuáles son nuestros verdaderos sentimientos; y ése es el problema.

A propósito de vocabulario, en cantidad de ocasiones, hemos discutido el verdadero origen de palabras como moro. La carga peyorativa que tiene esta palabra en la actualidad es más que obvia. Sin embargo, de una forma silenciosa, van penetrando en nuestro lenguaje y, de paso, en nuestro pensamiento. Recuerdo que, en el transcurso de una conversación, le hice una pregunta alguien:

-¿De dónde es él?

-Sudaca, sudaca.

Tardé un buen rato en salir de mi asombro al escuchar la respuesta y otro buen rato en descubrir que la persona que había utilizado tal término no sabía con qué sentido se utilizaba. Curioso asunto el del lenguaje.

Esta tarde, he descubierto una canción preciosa de León Gieco, un maravilloso cantante argentino nacido en Santa Fé. Su música la conocía desde hace años, entre otros motivos, gracias a su participación en el ESPAL, el Encuentro de Solidaridad con los Pueblos de África y Lationamérica que se celebra desde hace dieciséis años en mi municipio. La canción que hoy me maravilla -gracias, Leví, por revelármela- se titula «De igual a igual».

Para toda esa gente que bien por ignorancia, miedo o maldad pregona lo de “fuera de mi patria”, Gieco les manda un mensaje: “si me pedís que me vuelva otra vez donde nací / yo pido que tu empresa se vaya de mi país. / Y así será de igual a igual / y así será de igual a igual”.

Abrazos desde Canarias.

18 septiembre, 2006

Mi opinión sobre el dichoso artículo de Javier Calvo




Saludos y bienvenidos. Vuelvo a buscar un huequito para compartir este espacio con ustedes. Son muchos -casi no me lo creo- los correos electrónicos y distintos comentarios que me han hecho llegar por el hecho de no actualizar la bitácora desde hace mucho tiempo. A partir de ahora, se los aseguro, intentaré retomar el ritmo de hace varios meses. Será un placer.

También he recibido muchísimos correos electrónicos estos últimos días a propósito de la opinión del escritor y traductor Javier Calvo sobre su artículo publicado en un periódico cuyo nombre no diré para no contribuir más a su publicidad. El artículo en cuestión abordaba unas disparatadas medidas para combatir la llegada de inmigrantes a las Islas Canarias. Me han pedido que opine al respecto; en realidad, no quería dedicarle ningún comentario al artículo de este personaje -empobrece intelectualmente a quien le dedica más de dos minutos de reflexión-, pero tras la insistencia de no pocos amigos, me pronuncio:

Como le he dicho a todas aquellas personas que querían que me manifestara sobre la opinión de Calvo, mi madre y me abuela me han dicho siempre que “a palabras necias, oídos sordos”. Sin duda alguna, el artículo al que nos referimos pone al descubierto todas las vergüenzas éticas y morales de su autor. En cambio, no creo razonable criticar las barbaridades que publica este señor; ¿quién es Javier Calvo? Sabemos que es escritor porque, en el mundo de la literatura, algo ha hecho; también sé que es traductor porque alguna amiga me lo ha recordado no con poca sorna. Sin embargo, ¿acaso es asesor de algún gobierno o de alguna institución que pueda tomar decisiones referentes al asunto que plantea? Que nosotros sepamos, no. Es más, sus ideas lo incapacitan totalmente para ello. Por lo tanto, ¿de qué nos preocupamos? Más miedo deberíamos tener a las palabras del Papa, cuyas opiniones y poder de decisión tienen bastante más peligro.

Indagando sobre las críticas que ha recibido Javier Calvo, he visto cómo algunos han picado y le han seguido el juego. De hecho, han entrado en debates tan estúpidos como justificar la opinión de este personaje basándose en su lugar de nacimiento. Desde mi punto de vista, se equivoca quien entra en este estúpido juego. Como apunta Rogelio Botanz en una de sus canciones: “hay gente que sí y hay gente que no”. Visto está que este autor es de los que no. Por lo tanto, no le dediquemos más tiempo al tema.

Por último, si alguno aún quiere dar rienda suelta a su ira y su impotencia por las ruindades publicadas por este señor -aunque yo les recomendaría que se olvidaran de él inmediatamente-, hay una idea muy sencilla que pueden llevar a cabo; “este señor es escritor; por lo tanto, publica libros; sin embargo, sabemos cómo son sus pensamientos; por lo tanto, sabemos cómo serán sus libros; por lo tanto, ¿compraremos sus libros?”

Abrazos desde Canarias.

19 agosto, 2006

Noticias de buena esperanza

Son grandes las ganas que tengo para sentarme a escribir y compartir con ustedes. El tiempo, en cambio, es más bien poco. Además, son tantas actividades en las que me he visto involucrado -hacer un poco de todo es una constante en mi vida- que he creído necesario tomarme unas vacaciones blogosféricas. Concretamente ha sido una especie de huelga de teclas caídas, porque sí me estoy dedicando a leer unas cuantas bitácoras amigas, además de unos cuantos libritos que no me dejan dormir. He tenido muchas ganas de compartir ideas, pensamientos, alegrías, aventuras, maldiciones, frustraciones y quién sabe qué más con ustedes.

Tuve muchas ganas de escribir sobre Líbano, sobre las matanzas de civiles, sobre un nuevo libro que ha aparecido de Bertolt Brecht, sobre la enfermedad de Fidel Castro, sobre la muerte de Stroessner, sobre los incendios de Galicia, sobre mis vacaciones por Asturias y la deliciosa comida que nos servía doña Palmira y su familia, sobre tantos y tantas cosas que nos ocurren a diario y que, a mi juicio, debemos compartir. Quise hablar de todo ello, pero no lo hice. Sin embargo, he leído textos preciosos y muy reveladores sobre algunos de estos asuntos que he mencionado. Por ello, si hace semanas que no opino en ninguna bitácora, que nadie se haya creído a salvo de mis lecturas. He estado ahí, agazapado entre las letras, pero con las teclas quietas.

Hoy, he sentido la necesidad de interrumpir momentáneamente este parón para compartir alegrías con ustedes. Estos días, me acordé de mi amiga Alicia Thibaut y la llamé. Hace unos meses, publiqué un texto sobre ella y sobre sus diseños gráficos. Como dije en su momento, los encontré de casualidad en la red y me fascinaron según los vi. Por eso, me puse en contacto con ella, le pedí una entrevista y, entre mensaje y mensaje, nos hicimos amigos. Ahora, además de compartir sus diseños, compartimos lecturas -le recomendé a Galeano, por supuesto- y también alegrías.

Nunca he visto a Alicia; ni siquiera he visto una fotografía de ella. Pero lo que sé me basta para saber que es una persona estupenda: tiene una sensibilidad a flor de piel, una imaginación infinita, un corazón de oro y una voz preciosa. Ahora, además de todo eso, tiene una gran ilusión y una preciosa esperanza: está embarazada. Me lo contó ayer y me alegró -más si cabe- la tarde. Cuánto me alegro, Alicia.

Curiosamente, tengo otra amiga también por Valencia -allí vive Alicia- que también está embarazada desde hace poquito tiempo: mi amiga María. ¿Serán los embarazos una fiebre que se extiende por la Comunidad Valenciana? Qué maravilloso, ¿no es cierto? A ti también, María, muchas felicidades. ¿Le pondrás mi nombre? ¿Ni siquiera de segundo?

Para celebrar la pronta llegada de estas dos criaturas, les brindo el texto «La revelación» de, cómo no, Eduardo Galeano, recogido en su libro «Bocas del tiempo».

«Un ciudadano recién llegado al mundo estaba durmiendo, desnudo, en la cuna.

La hermana, Ivonne Galeano, lo miró y salió corriendo. Golpeó las puertas de sus vecinas y con un dedo en los labios las invitó al espectáculo. Ellas abandonaron sus muñecas, a medio vestir, a medio peinar y en puntas de pie, tomadas de las manos, se asomaron a la cuna del bebé. No se pusieron coloradas de envidia, ni palidecieron por el complejo de castración. Aguantándose la risa, comentaron:

-¡Mirá lo que se trajo este loco para hacer pipí!»

Abrazos desde Canarias.

29 julio, 2006

Sobre Israel, Palestina y El Líbano

(Imagen tomada prestada de 20minutos.es)


Después de un tiempo apartado de la bitácora, realizo una breve vuelta para invitarles a reflexionar sobre Israle, Palestina y El Líbano. Es un texto que Eduardo Galeano ha publicado en La Jiribilla. Me apetece mucho compartirlo con ustedes. Ya me dirán que opinan.

Abrazos desde Canarias.

«¿Hasta cuándo?»


"Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?

Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero?

La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?

Hezbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo?

Iraq, Afganistán, Palestina, Líbano… ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?

Las torturas de Abu Ghraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?

Israel ha desoído cuarenta y seis recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?

Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, cuarenta resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de los EE.UU.?

Desde que los palestinos fueron desalojados de sus casas y despojados de sus tierras, mucha sangre ha corrido. ¿Hasta cuándo seguirá corriendo la sangre para que la fuerza justifique lo que el derecho niega?

La historia se repite, día tras día, año tras año, y un israelí muere por cada diez árabes que mueren. ¿Hasta cuándo seguirá valiendo diez veces más la vida de cada israelí?

En proporción a la población, los cincuenta mil civiles, en su mayoría mujeres y niños, muertos en Iraq, equivalen a ochocientos mil estadounidenses. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando, como si fuera costumbre, la matanza de iraquíes, en una guerra ciega que ha olvidado sus pretextos? ¿Hasta cuándo seguirá siendo normal que los vivos y los muertos sean de primera, segunda, tercera o cuarta categoría?

Irán está desarrollando la energía nuclear. ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que eso basta para probar que un país es un peligro para la humanidad? A la llamada comunidad internacional no la angustia para nada el hecho de que Israel tenga doscientas cincuenta bombas atómicas, aunque es un país que vive al borde de un ataque de nervios. ¿Quién maneja el peligrosímetro universal? ¿Habrá sido Irán el país que arrojó las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki?

En la era de la globalización, el derecho de presión puede más que el derecho de expresión. Para justificar la ilegal ocupación de tierras palestinas, la guerra se llama paz. Los israelíes son patriotas y los palestinos son terroristas, y los terroristas siembran la alarma universal.

¿Hasta cuándo los medios de comunicación seguirán siendo miedos de comunicación?

Esta matanza de ahora, que no es la primera ni será, me temo, la última, ¿ocurre en silencio? ¿Está mudo el mundo? ¿Hasta cuándo seguirán sonando en campana de palo las voces de la indignación?

Estos bombardeos matan niños: más de un tercio de las víctimas, no menos de la mitad. Quienes se atreven a denunciarlo son acusados de antisemitismo. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo antisemitas los críticos de los crímenes del terrorismo de estado? ¿Hasta cuándo aceptaremos esa extorsión? ¿Son antisemitas los judíos horrorizados por lo que se hace en su nombre? ¿Son antisemitas los árabes, tan semitas como los judíos? ¿Acaso no hay voces árabes que defienden la patria palestina y repudian el manicomio fundamentalista?

Los terroristas se parecen entre sí: los terroristas de estado, respetables hombres de gobierno, y los terroristas privados, que son locos sueltos o locos organizados desde los tiempos de la guerra fría contra el totalitarismo comunista. Y todos actúan en nombre de Dios, así se llame Dios o Alá o Jehová. ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando que todos los terrorismos desprecian la vida humana y que todos se alimentan mutuamente? ¿No es evidente que en esta guerra entre Israel y Hezbollá son civiles, libaneses, palestinos, israelíes, quienes ponen los muertos? ¿No es evidente que las guerras de Afganistán y de Iraq y las invasiones de Gaza y del Líbano son incubadoras del odio, que fabrican fanáticos en serie?

Somos la única especie animal especializada en el exterminio mutuo. Destinamos dos mil quinientos millones de dólares, cada día, a los gastos militares. La miseria y la guerra son hijas del mismo papá: como algunos dioses crueles, come a los vivos y a los muertos. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que este mundo enamorado de la muerte es nuestro único mundo posible?"

Publicado por Eduardo Galeano en La Jiribilla.

12 julio, 2006

Lapsus linguae


(Atención al cartelito, que se las trae)

Hoy quisiera hablarles de las faltas de ortografía. Como traductor, me resultan inconcebibles las faltas de ortografías e intento cuidarme al máximo de ellas. Imagínense, un traductor que cuela errores ortográficos entre sus textos. Aunque hasta el mejor escribano hace un borrón y nadie está a salvo de errores, líbreme dios. (¿Que dios se escribe en mayúscula? ¿Y si me considero agnóstico y lo hago por motivos de conciencia?) Pues, aunque parezca mentira, los hay que, traduciendo hacia su lengua materna, meten la pata una y otra vez. Incluso he tenido experiencias con correctores que me han criticado “informar de que sucedió algo” porque, según ellos, era dequeísmo. Qué le vamos a hacer.

Hace varios días, comentaba con una amiga el agotamiento mental que sufro cada vez que, al leer cualquier tipo de texto, encuentro un error ortográfico o una “patada al diccionario”. Puede ser por deformación profesional, pero la verdad es que, al igual que mi amiga, me sobrecoge. Ahora mismo me acabo de acordar de alguien que me comentó que había encontrado una falta de ortografía gordísima en «La sombra del viento», de Carlos Ruiz Zafón. Lo que ahora no recuerdo cuál era.

También comentaba hace poco con un gran amigo su costumbre de comenzar los correos electrónicos como si de una conversación telefónica se tratara. Lo malo no es eso, sino que cada vez que lo veo me duele, pues empieza con un “olle, fulanito...” Ayer mismo se lo dije, a lo cual me contestó que sabe que se escribe con “y”, pero que lo escribe así por costumbre y porque es una marca personal. “Muy bien, Juan Ramón Jiménez.”

Ayer mismo hablé con un colega traductor, mi amigo Óliver, de lo que antes explicaba sobre los correctores. Me contó que a él le ocurre con frecuencia, cuando le critican que no acentúa ciertas palabras o que deja sin puntos algunas cifras. Nuestra respuesta suele ser siempre la misma: “no estoy de acuerdo; échele usted un vistazo al «DRAE», o al «Diccionario panhispánico de dudas», o al «Manual del español correcto». A nuestra respuesta, encontramos también alguna réplica como “ya, pero a mí me gusta más de esta forma porque así me lo aprendí yo”. O “ya, pero el cliente es el cliente y lo quiere de esta forma”. Sí, claro, porque el cliente, antes de encargar la traducción, le ha entregado a la agencia un manual de estilo de cómo quiere sus textos.

Bueno, tras este desahogo y esta reflexión sobre las faltas de ortografía y sobre esa enfermedad laboral del traductor, que consiste en malestar general cada vez que observa un error ortográfico, quisiera añadir una noticia que encontré en 20minutos. “Opositores a plazas de profesor de lengua española suspenden por faltas de ortografía”. A mí, en lugar de provocarme la risa, me provoca más de una reflexión.

Y ¿a ustedes?

Abrazos desde Canarias.

10 julio, 2006

¿Por qué lo llaman "fallo del jurado"?


Sobre Telde Digital Express (y II)

Hoy no sé por dónde empezar. Probablemente, por el principio. En el artículo inmediatamente anterior a éste, les hablé de mi participación -junto con un gran grupo de amigos capitaneado por Agustín Domínguez y Érika Galindo- en un festival cinematográfico en el que había que rodar un cortometraje en apenas 24 horas. Como les dije y ya pudieron leer, la organización dejó mucho que desear. Mejor dicho, deseamos que hubiera algo de organización.

Ayer se repitió la proyección de todos los cortometrajes y se celebró la entrega de premios a las películas ganadoras. Para cabreo de los que sufrimos la mala organización del acto anterior, se referían al evento celebrado el domingo anterior como “el ensayo general”. Debe de ser la primera vez que asiste más público a un “ensayo general” que al acto en sí. Como ya escribí el pasado lunes, nuestro cortometraje -se titulaba «Lucía»- no era probablemente de los mejores; ahora bien, nos quedó un trabajo bien decente para haberlo rodado en tan poco tiempo y ser de los primeros que rodábamos. Es más, los actores -Lucía e Itamar- han hecho mucho teatro pero nunca se habían colocado delante de una cámara. A eso, hay que sumarle que rodamos de madrugada, cansados y hambrientos. Pero el corto salió adelante, que es lo que importa.

A riesgo de que estos comentarios puedan parecer una fácil pataleta -tendríamos derecho a ella, en todo caso- nos resultó cuanto menos curioso el fallo del jurado, que premió algunas -no todas- películas basándose en unos criterios un tanto surrealistas. (Ver noticia de la organización y clasificación de películas ganadoras).

Antes de nada, debo decir que el cortometraje «Transferencias», de Pedro Romero, bien mereció ganar la mejor dirección y, sobre todo, la originalísima idea y guión. Felicidades, Pedro. «Me diz cuando volta», de Daniel Herrera, para mi gusto, fue uno de los mejores cortometrajes y no sólo debió alzarse con galardón al reflejo de los valores humanos, sino algún otro premio por la imagen, por la historia y por los sentimientos que evocaba. Daniel y equipo, felicidades también. El cortometraje de Andrés J. Park, «Antes y después de la ciencia» también tuvo una idea original, además de mostrar algunos hermosos barrios del municipio de Telde. Por ello, también te felicito.

Sin embargo, con respecto a algunos de los demás premios, discrepo. En primer lugar, se suponía que Tinieblas González venía como director invitado al festival (ya contamos de qué manera lo invitaron y cómo tuvo que apañárselas solito). Por ello, sorprendió y hasta molestó que se concediera un galardón a un director profesional invitado para dotar de unos mínimos de calidad al festival. En segundo lugar, nos sorprendió que se considerara a Guacimara Eliazaga -te aprecio mucho, Guacimara, pero no creo que lo merecieras- la mejor actriz del festival. Hubo otras actrices que interpretaron papeles de una forma mucho más profesional y creíble. Lo siento.

Todavía hay más críticas, pero quiero explicarlo todo poco a poco. Esta mañana, recibí dos mensajes. El primero, en esta humilde bitácora, y firmado por un usuario anónimo. Su opinión es muy parecida a la mía, aunque, según dice, tiene bastante experiencia en el mundo audiovisual, cosa de la que yo carezco. Los invito a que lo lean. El segundo mensaje, me llegó al correo electrónico, firmado por una tal Blanca. Ambos me hablan de un supuesto amaño en la elección de los ganadores, lo cual dejaría en muy mal lugar al jurado que participó.

Empezaré por algo que a mí me resultó llamativo. En el cortometraje que se alzó con el primer premio, «Mujer en un bar», participaba un miembro de la organización y también presentador de las dos galas. ¿Qué pensarían ustedes? Siempre he oído que la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo. Por decencia, el organizador y presentador -digo yo- no debería participar. El usuario anónimo que me escribió esta mañana ofrece más datos: según él y su experiencia de diez años en el mundo audiovisual, las imágenes no eran de las mejores. Pero dejémoslo estar.

Por último -juzguen ustedes mismos-, les proporcionaré varios datos que me envió esa chica de nombre Blanca al correo electrónico, además de lo que yo sé. De lo que yo sé, puedo decirles que, en el municipio de Telde, hay una emisora, Radio Aventura, que se ha caracterizado por jalear a un partido político que ahora mismo pertenece al gobierno de Telde -un ayuntamiento salpicado por la corrupción, como les dije la semana pasada- y por criticar hasta lo intolerable a los partidos de la oposición, algo que, siempre y cuando no se base en descalificaciones personales y mentiras -lo cual es costumbre- es aceptable en democracia. También sé que esta emisora promociona este festival e incluso el cortometraje que resultó ganador.

Sobre los datos que me aporta Blanca, uno de los participantes en el cortometraje ganador es también miembro y locutor de Radio Aventura, el señor Paco Pahino. ¿Curioso, verdad? Por si ello fuera poco, comenta Blanca, recientemente se falló el certamen fotográfico «Ciudad de Telde», sobre el cual ha habido mucha polémica dado a que aún no se ha entregado el premio. En dicho certamen, resultó ganador por las mejores instantáneas el señor Carmelo Martín, dueño, miembro y locutor de la referida emisora. ¿?

Es posible que sólo sean casualidades. De no serlo, resultaría sumamente apropiada la sugerencia que nos hace el lector anónimo: cambiar el nombre de festival; en lugar de «Telde Digital Express», «Tongo Digital Express».

Abrazos desde Canarias.


03 julio, 2006

La idea era preciosa; en la práctica, fue un desastre.


Sobre Telde Digital Express

Durante los últimos meses, el municipio de Telde (Gran Canaria) ha aparecido en muchos medios de comunicación no por sus hermosos barrios y por sus grandes parques, sino por la corrupción política que los jueces han destapado en el ya conocido «Caso Faycán». La tercera ciudad de Canarias ya se conoce en muchos ámbitos como la “Marbella canaria”, debido a los escándalos de corrupción urbanística que han puesto en jaque al ayuntamiento teldense y, por supuesto, al Partido Popular y Ciuca, dos partidos que llegaron al consistorio haciéndose pasar por héroes, cuando ha quedado demostrado que eran villanos.

Pensábamos muchos que, a pesar de los sucesivos escándalos políticos a los que nos hemos ido acostumbrando durante los últimos meses, Telde podría también tener valores positivos. Por eso, nos ilusionamos sobremanera cuando conocimos la convocatoria de la «III Muestra de Cortometrajes “Ciudad de Telde” y TELDE Digital Express». Con respecto este último, Telde Digital Express es un certamen consistente en rodar y montar un cortometraje en 24 horas, siempre dentro de los límites del municipio de Telde. A muchos, la iniciativa nos pareció de lo más interesante, atractiva y novedosa, pues rodar un cortometraje, por muy corto que sea, se las trae. Otra de las dificultades consistía en que los participantes no podían llegar al lugar con un guión escrito y unos actores ensayados, sino que el corto debía basarse en un lema que proponía la organización minutos antes de que comenzara a contar el reloj. A la medianoche del viernes, cuarenta y cinco directores llegaron al lugar y recibieron las instrucciones, un disco con números de teléfonos de actores que se ofrecían y un lema: “avísame cuando vuelvas”. Tras ello, a rodar.

Mi amigo Tino me volvió a convocar, junto con el grupo de amigos que siempre quedamos para participar en todo este tipo de actividades. Según supimos el lema, empezamos a idear una historia y, cuando creímos tenerla, comenzó el rodaje. Los actores eran muy buenos y no hizo ninguna falta escribir el guión. Son amigos míos desde hace mucho y conozco sobradamente sus capacidades de improvisación y actuación. Para mi gusto, una vez más, lo bordaron. Tras ensayar las escenas, empezar a rodar y repetir tomas, creímos haber terminado. Eran casi las 4:00 de la madrugada. Aún quedaba mucho trabajo: rodar unas escenas intermedias y montar la cinta. A la medianoche del sábado, el corto tenía que estar entregado. Y lo conseguimos.

Ayer domingo, nos citaron a todos en la Casa de la Cultura de Telde. Supuestamente, iba a a ser una gala en la que, además de proyectarse los cortometrajes, se iban a otorgar varios premios a los mejores cortos, actores, directores, valores humanos, representación del municipio y fotografía. El acto, como suele ser la norma, empezó con media hora de retraso. Imagínense, comenzar un domingo a las 21:00 horas a ver veintiséis cortometrajes -porque al final no todos consiguieron el objetivo de rodar en 24 horas- y luego esperar por el fallo del jurado. La noche iba a ser larga y lo fue. Parecía que iba a ser emocionante; y también lo fue.

Tras más de dos horas y media de proyección -había cortos buenos, regulares y malos, pero cortos al fin y al cabo-, nos dijeron que había cinco minutos de descanso para la deliberación del jurado. Los nervios estaban a flor de piel. De repente, aparece alguien de la organización para decir que había tres cortometrajes que aún no se habían proyectado, por lo que el jurado debía volver a entrar, para poder calificarlos a todos. En éstas, nosotros, que ya habíamos perdido la cuenta y no nos acordábamos ni de la mitad, nos preguntamos todos con indignación: “¿qué? ¿Que el jurado no los ha visto previamente? ¿Que es ésta la primera vez que los ve? ¿Pero qué desastre es éste?”

Aguantamos el tipo como pudimos y la proyección continuó. De los tres que faltaban, sólo pudimos ver el primero, porque, debido a fallos técnicos, los otros dos no se podían ver. Nuestra indignación era ahora lo que estaba a flor de piel. Sobre todo, sabiendo que los cortos que faltaban por ver los habían montado los operadores que el festival ponía a disposición de aquellos que no tuvieran experiencia con el montaje. Pero seguíamos haciéndonos preguntas: “¿cómo es posible que la organización no se haya molestado previamente de ver si todos funcionan?”

Mientras el público empezaba a pronunciar en corrillos algunas palabras poco decentes, salió otra vez alguien al escenario para anunciar que se iban a entregar los premios. De repente, se levanta una de las directoras afectadas para gritar que es intolerable, que no es justo y que es una falta de respeto hacia su trabajo. Ciertamente, lo era. Entre aplausos del indignado público, buscan una solución rápida: aplazar la entrega de premios hasta nuevo aviso.

Hoy, me he enterado de varias noticias que han terminado de colmar mi indignación por tan mala organización de un evento singular. A este festival, la “organización” invitó a Tinieblas González, un director vitoriano que, en 1998, recibió en Cannes el galardón por mejor cortometraje con «Por un infame difunto». Según me contó una periodista esta mañana, durante la tarde de ayer, antes de asistir a la frustrada gala, se encontraba con su marido tomado algo en una cafetería y, de paso, hablaban sobre el festival de cortometrajes. De repente, Tinieblas González se acerca a su mesa y le comenta: “¿están hablando de Telde Digital Express”? Es que yo soy artista invitado pero no han venido a recogerme. Me han dicho que vaya en guagua. ¿Ustedes me podrían alcanzar?” La pareja accede asombrada ante el preludio de tan mala organización. Por si fuera poco, se enteran de que Tinieblas ha venido a Gran Canaria sin ningún material, ya que en estos certámenes los organizadores suelen ponerlo todo a disposición del artista invitado, al menos. Pues no, lo tuvo que pedir todo prestado. Por ello, empezó a grabar cuando apenas faltaban seis horas para que cerrara el plazo de entrega.

¿Qué desastre, verdad? Otro día les seguiré explicando y les revelaré el nombre de nuestro corto, no sea que...

Abrazos desde Canarias.


27 junio, 2006

Las tradiciones de la noche de San Juan

Por fin estoy de vuelta; ahora bien, no sé hasta cuándo. No me olvido de ustedes, pero estoy más liado que nunca y apenas encuentro huecos para sentarme a escribir y compartir con ustedes. Es más, hace varios días que no abro ni siquiera un libro. La verdad es que tengo unas ganas de poder disfrutar de algún ratito de tranquilidad y poder sentarme a leer, a ver una buena película, a charlar con algunos amigos, a escuchar música, a ver una buena obra de teatro...

Mientras escribo, aprovecho para escuchar algunas canciones de Jorge Drexler, un cantautor que me gusta mucho. Ahora mismo, suena esa preciosa canción que dice “yo soy un moro judío, que vive con los cristianos, no sé qué dios es el mío ni cuáles son mis hermanos.” Pero no pretendía hoy hablarles de Jorge Drexler ni de su música.

El pasado viernes y sábado me acordé mucho de ustedes. En Canarias, se celebraba la Noche de San Juan, al igual que en tantas otras partes del mundo. No sé por qué pero tengo la impresión de que las manifestaciones culturales -culturales en sentido lato- de San Juan que se celebran en Canarias son de las más variadas que se pueden encontrar en todo el Estado español. Así, al menos, lo creen mis amigos peninsulares cuando han venido a celebrarlas y han disfrutado no sólo de las hogueras, sino de las muchas otras tradiciones con las que aquí celebramos el 24 de junio.

En mi municipio, por estas fechas, se celebra siempre la «Noche de Brujas», pues por aquí son muchas las leyendas que vinculan a San Juan con las brujas y también con el amor y las oraciones para encontrar pareja. Es más, una canción popular dice que “la bruja no volará esta noche porque le quemaron la escoba en la hoguera de San Juan”. Este elemento cultura es compartido con otros lugares, así como las hogueras que se encienden junto al mar. Dice la tradición que “la que no se salte el fuego, soltera se quedará”.

En la tradicional «Noche de Brujas» que se celebra en mi municipio, Santa Lucía, son muchas las representaciones mágico-teatrales que se han venido desarrollando a lo largo de muchísmos años. El Taller de Animación del Ateneo Municipal, por estas fechas, suele sorprendernos con pasacalles, representaciones teatrales y actividades de lo más variadas. El año pasado, mientras todos asistíamos a la obra que se representaba sobre un teatro ubicado al aire libre, de pronto, un grupo de gente apareció rodeando a todo el público con una especie de cortina de fuego y con largas hoces que nos hicieron recordar a numerosas películas de terror. Todo entraba dentro del espectáculo. Nos sorprendió y nos aterró al mismo tiempo. Fue espectacular.

Este año, además de organizar talleres, proyección de películas por barrios y el tradicional asadero de piñas (mazorcas de maíz para los no canarios), prepararon una enorme y alucinante «casa del terror» de más de 2.000 metros cuadrados en las que el público tenía que atravesar pasillos de garajes con coches con conductores acribillados a balazos, junglas con cadáveres y ahorcados, cementerios de muertos vivientes, jaulas en las que había niños encerrados, el salón de una tétrica casa y de espeluznantes anfitrionas y también por una charca -magníficamente diseñada, por cierto- en la que unos dragones de Komodo se comían a los ahogados. Fue divertido y terrorífico. Durante las dos tardes y múltiples sesiones que se organizaron, más de cinco mil personas disfrutaron de este magistral espectáculo por la fiesta de San Juan. Por ello, amigos del taller de animación y responsables de cultura del Ayuntamiento de Santa Lucía, felicidades.

Al margen de estas actividades, quisiera nombrar algunas otras leyendas muy propias de Canarias para estas fechas. Por ejemplo, se dice que, la noche de San Juan, el pueblo de Sardina del Sur -también en mi municipio- está encantado y que un Juan y una María deben ir caminando desde la playa de Pozo Izquierdo hasta Sardina rezando una oración para anular el encantamiento. También es muy típico que la gente, mujeres especialmente, al amanecer de San Juan realicen un bautismo en el mar. Si este bautismo es propio de las personas, en la isla hermana, en Tenerife, los ganaderos de Puerto de la Cruz suelen llevar a sus cabras al mar y darles un baño en la playa para así bendecir al ganado. Son tradiciones curiosas. Tendré que seguir investigando, porque seguro que hay muchas más.

Abrazos desde Canarias y hasta pronto.

20 junio, 2006

José Artiles: «Hacen falta locos»

Tal y como les dije, mi amigo José Artiles presentó su disco el pasado viernes. Fue un acto íntimo y sencillo en el que mostraba en sociedad las diez canciones de su primer disco, «Camino que no es poco». Además de hacernos disfrutar con canciones como «Eres todas las mujeres» o «Eva», Pepe también nos deleitó con otras estupendas interpretaciones que, personalmente, me encanta. «Bella historia» es una de mis preferidas y espero que la incluya en el próximo disco, que grabará durante este verano.

Me contó Pepe cómo ha sido su historia con la música. La guitarra ha sido una compañera inseparable a lo largo de toda su vida, pero confiesa que, en su vida musical, hay un antes y un después, marcado por la primera cinta que escuchó de Silvio Rodríguez. Él no quiere parecerse a Silvio Rodríguez, pero su admiración hacia el genial cubano es patente en su forma de tocar la guitarra, de cantar y es componer.

Hoy, para que se animen a escuchar a este amigo cantautor, les traigo una canción muy conocida en el sureste de Gran Canaria. Se titula «Hacen falta locos» y Pepe la grabó en un vídeo musical en el que participaron colectivos de personas con discapacidad, con síndrome de Down, con enfermedad mental y también un colectivo de personas sordas. Sinceramente, es un vídeo precioso y muy trabajado por estos colectivos.

Espero que les guste.
Abrazos desde Canarias.


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